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¡Leña al edadismo!

La palabra edadismo ha sido incluida en el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Define la discriminación de las personas por razón de su edad. Aunque esa discriminación negativa puede afectar a personas de diversas franjas de edad, se hace particularmente evidente hacia las mayores. Se suele decir que lo que no tiene nombre no existe, así que hay que ‘celebrar’ que ahora tengamos un nombre que dé existencia a esa discriminación.

El edadismo hacia las personas mayores resulta, todavía, muy sutil y poco identificable, pero lamentablemente existe. Iremos poniéndole cara, expresiones, actitudes y comportamientos. Aunque nos llevará un tiempo. Lo identificamos tan poco que lo pasamos por alto y convivimos con él demasiado pacíficamente. Lo peor es el autoedadismo, el edadismo autoinfligido, que practicamos las personas mayores respecto de nosotros mismos. Debemos ser activistas de ese cambio que llegará, inevitablemente, pero que requiere de nuestro apoyo. ¡Leña al edadismo!


Carta publicada en El Correo
de JAVIER FERNÁNDEZ DE TROCONIZ

UDP pide a la RAE incluir “Edadismo” en el Diccionario de la lengua.

“Creemos que esta aceptación ayudaría a reconocer este grave problema, que afecta a muchos millones de personas mayores en todo el mundo hispanohablante”.

La Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España -UDP ha solicitado a la Real Academia de la Lengua que se estudie la posibilidad de incluir  el término “edadismo” en la próxima actualización del Diccionario de la lengua española (DLE).

Con el envío de la misiva, UDP se suma a la petición promovida por la Asociación de Profesores Universitarios Jubilados (ASPUR), con el objetivo de concienciar y dar visibilidad a la discriminación por edad que sufren muchas personas porque si una realidad no tiene nombre, es como si no existiera y, por tanto, no se puede conocer.


‘La fábula del melón’. Una pieza de ficción sobre un problema muy real, que afecta a millones de personas en el mundo: la discriminación por edad.

 



¿Qué pasaría si nos convirtiéramos en frutas? Os presentamos la última campaña de Frutas Bruño, ‘La fábula del melón’. Una pieza de ficción sobre un problema muy real, que afecta a millones de personas en el mundo: la discriminación por edad. Desde Bruñó se suman a la campaña de la OMS contra el edadismo y ponen en valor las arrugas como símbolo de madurez, experiencia y dulzura.

El edadismo es la forma de discriminación más común y la más banalizada.

A iniciativa de la Sociedad Francesa de Geriatría y Gerontología, y apoyada por otras 42 organizaciones de 29 países diferentes, se ha iniciado una campaña que ha lanzando el eslogan "#OldLivesMatter" para luchar contra el edadismo y sensibilizar a la ciudadanía, a los medios de comunicación y a las instituciones en busca de un mayor respeto hacia las personas de más edad.

Edadismo en tiempos de COVID-19

Conscientes del efecto que la #COVID19 ha generado en la imagen social de las personas #mayores, organizamos desde GizagiBerri una serie de tres webinars de reflexión sobre Edadismo en tiempos de COVID-19. Os esperamos los dos últimos jueves de junio, siempre a las 17:00 horas en labur.eus/edadismo.

Moderado por Ainara Arregi, periodista, que coordina la Comisión 3 del Consejo de Personas Mayores de la Diputación Foral de Bizkaia. En este equipo velamos por la imagen social de los Mayores y como observatorio para detener el edadismo. Contará este ciclo de videoconferencias con los siguientes ponentes: 
  1. Paca Tricio @Paca_Tricio, presidenta de la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España (UDP), y muy conocedora de la discriminación por motivos de edad. Jueves, 18 de junio de 2020.
  2. Mónica Ramos Toro, antropóloga y geriatra feminista. Jueves, 25 de junio de 2020.

Edadismo

Es una palabra que algunos la oímos estos días por primera vez. Supone la discriminación por edad y estos días, la negación de los derechos de las personas mayores en la respuesta a la COVID-19

En este pdf de Help Age International
 que adjuntamos obtendréis toda la información necesaria sobre el tema.

Utilizar la expresión "nuestros mayores" es retroceder décadas en los derechos humanos de las personas que parece que solo vemos de ellas su edad.

"NUESTROS MAYORES"

Mónica Ramos Toro en www.qmayor.com/opinion/
Cada vez que escucho o leo en los medios de comunicación la expresión “nuestros mayores” me sale un sarpullido. Así que se pueden imaginar que tengo la piel en carne viva. Desde el decreto del estado de alarma, profesionales del periodismo, políticos, personal sanitario, población en general y, como no, “tertulianos/as” se afanan en exponer el peligro que supone para “nuestros mayores” la COVID-19. Lo voy a decir sin miramientos. Utilizar esta expresión es retroceder décadas en los derechos humanos de las personas que parece que solo vemos de ellas su edad. Hay al menos tres motivos por los que animo a todo el mundo a que reflexione para que deje de utilizar esta expresión.

La clave para combatir la soledad y el edadismo

En primer lugar, “nuestros mayores” genera la representación social de que son un colectivo o grupo homogéneo, compacto, en el que todas las personas por el hecho de ser “mayores” son iguales. Sin embargo, piensen por un momento a quiénes metemos en ese supuesto grupo homogéneo. A personas que tienen 65 años y más. Es decir, personas con 65, 75, 85, 95, 100 años.. ¿son todas iguales? Y si tienen aspectos en común, ¿es la edad la variable que las unifica? ¿se lo han preguntado alguna vez? Dicho de otro modo, existe una enorme heterogeneidad entre esas a las que llamamos personas mayores. Las hay con muchos recursos económicos, pero también con pocos. Con buena salud y con pluripatologías. Con vivienda en propiedad y sin ella. Con elevado nivel de formación y sin estudios. Con mucha familia o sin ninguna. Con importantes redes sociales y con escasas relaciones. Con proyectos vitales ilusionantes y con sentimientos de soledad y desamparo. Que prestan cuidados, apoyos a la familia y otras que en cambio los reciben. Sin embargo, cuando escuchamos o decimos “nuestros mayores” el imaginario reduce el abanico a personas frágiles, vulnerables, sin recursos, dependientes, solas, enfermas. A las que tenemos que proteger, sin darnos cuenta de que muchas de esas personas se saben cuidar a sí mismas, saben cuidar de otras personas –nietos, nietas, personas dependientes..- especialmente las mujeres mayores que han sido y son el gran estado del bienestar de este país.

En segundo lugar, decir “nuestros mayores” implica que son de nuestra propiedad. No sé a cuántos tocamos, pero decir “nuestros” es como decir que no tienen autonomía como personas, que son de toda la sociedad, de cada familia, de cada barrio, de cada municipio, de toda España. Esta expresión supone eliminar su rol social, su rol político, su derecho como ciudadanía activa. Y esto es muy peligroso, porque como personas adultas que son, tienen derechos civiles, políticos, sociales, laborales y de todo tipo, y al utilizar “nuestros mayores”, estamos afirmando que es la sociedad, o las familias, o los ayuntamientos, o el parlamento quienes tienen que tomar decisiones en su nombre, con la excusa de que es en su propio beneficio, sin escucharles, tenerles en cuenta, consultarles, pedirles su opinión…Como me decía una mujer de 80 años, no necesito que me quieran tanto si ese amor me limita, me quita capacidad para decidir y me hace más frágil y vulnerable de lo que soy. “Nuestros mayores” no son nuestros, no son de nadie, y desde luego, no son menores de edad a quienes hay que tutelar.

En tercer lugar, “nuestros mayores”, así, en masculino, representa aún menos a las personas que consideramos mayores, ya que lo que más hay son mujeres. Valga como ejemplo, algún dato. En España de 65 a 79 años hay 70 hombres por cada 100 mujeres, de 80 años hay 50 hombres por cada 100 mujeres, de 90 años hay 35 hombres por cada 100 mujeres y de 100 años hay 16 hombres por cada 100 mujeres. Creo que poco más se puede añadir. Por eso es un reclamo dejar de utilizar este lenguaje tan sexista que invisibiliza permanentemente el envejecer de las mujeres. Son mayoría a medida que avanza la edad, y prácticamente son únicas en las edades más longevas. Pero también son diversas y heterogéneas.

Muchas personas creen que decir “nuestros mayores” es adecuado porque supone tratar con cariño y ternura a las personas mayores, en mi opinión, las desempodera, las muestra como seres vulnerables y sin derechos para tomar decisiones. Pero si no les he convencido, a lo mejor cuando cumplan muchos años recuerdan estas reflexiones.    

Madrid, 20 de abril de 2020

Dra. Mónica Ramos Toro. Antropóloga social. Especialista en Envejecimiento y Género. Profesora Asociada Universidad Complutense de Madrid Socia-Directora Instituto de formación en Gerontología y Servicios Sociales, INGESS